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La Candidatura de César tenía sentido.

Diario Tal Cual

La Declinación de César.

Los hay y no son pocos, pero tampoco son numerosísimos los ejemplos de
madurez en este oficio apasionado y apasionante que es la política.

El poder, la ambición de poder, es una de las pulsiones más íntimas de
la condición humana. Así como la legítima aspiración de hacer historia
para bien de todos que es en fin de cuentas la “ultima ratio” de la
vocación de quienes hemos entregado la vida toda al ejercicio de los
asuntos públicos: la política.

Ahora que vemos a muchos desbarrancarse por los abismos de la vanidad
más inútil, que sin dolientes ni pertinencia ninguna pretenden
inscribir sus nombres como competidores (¿competidores?) en las
elecciones primarias de febrero, piensa uno en la frase aquélla (¿fue
Guzmán quien la pronunció?): ¡Qué bruta es la gente inteligente! Si
alguien podía aspirar a esa candidatura presidencial de la Venezuela
democrática era César Pérez Vivas. Tiene, como sabemos, la cultura y
la preparación necesarias.

Viene de un largo oficio público como dirigente de su partido, el
socialcristiano Copei, y como parlamentario y gobernador. Y en algún
momento calculó, como me lo dijo en repetidas ocasiones, que las
circunstancias internas de algunos de los partidos principales de la
oposición le permitían alcanzar su cometido.

Pero lo más importante: en él su aspiración no se cocinaba en su
propia salsa, en el menjurje pestilente del egocentrismo y del
narcisismo, sino que tenía una motivación, gente que demandaba la
presencia de su nombre en las elecciones primarias: sus compañeros de
partido que con centenares de miles de votos en sus alforjas podían
acariciar la idea de que uno de los suyos los representara en la
contienda; y sus paisanos del Táchira a quienes él ha representado y
defendido con gallardía y honor frente a la más feroz acometida de una
autocracia de inspiración fascista y comunista que por naturaleza
tiene en el centralismo la piedra angular de su proyecto. Así que,
incluso para perder (para ganar perdiendo, digamos), la precandidatura
de César Pérez Vivas tenía sentido.

Pero acabamos de ser testigos de un gesto no tan usual de
responsabilidad que otros, muchos otros deberían imitar: con sentido
de historia, mirando hacia adelante, empinándose sobre sí mismo, y
privilegiando los intereses generales de la unidad, la democracia y la
nación por encima de cierta pequeñez humana que todos llevamos dentro:
el demonio de la vanidad, César Pérez Vivas ha declinado su
precandidatura presidencial para las primarias de febrero. Y algo más:
al hacerlo, ha subrayado que en adelante su actuación política se
somete, como tiene que ser, a la voluntad colectiva del partido
político al cual pertenece, Copei. Con Manuel Rosales podría repetir:
“Es la hora de la patria”.

Así que desde estas líneas quería saludar el proceder de César. Buen
ejemplo para muchos.

@EOchoaAntich

Categorías:Politica, Táchira
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