Kim Jong-il: La «dolce vita» del «Querido Líder»

Kim Jong-il: La «dolce vita» del «Querido Líder»

Mientras los norcoreanos sobreviven a duras penas con 200 gramos diarios de arroz, maíz y repollos, su caudillo, Kim Jong-il, se entrega a la “dolce vita” cuando no está demasiado ocupado lanzando misiles sobre sus vecinos o estallando bombas atómicas. Según las últimas revelaciones de la Inteligencia surcoreana, difundidas por el “Financial Times”, el paupérrimo país comunista ha añadido delfines chinos, caniches franceses y afrodisíacos africanos a sus importaciones de lujo, que se acumulan en sus puertos junto a la ayuda humanitaria que necesita urgentemente un cuarto de sus 24 millones de habitantes.

Frente a la miseria que reina en el campo, donde los norcoreanos lavan la ropa en los ríos y talan árboles para calentarse con hogueras por falta de electricidad, una tienda de Pyongyang vende artículos de lujo, como ropa y bolsos de Chanel y Armani, medicinas, muebles y comida, para la élite de la capital que forma parte de la cúpula de este régimen estalinista.

Con tales prebendas, Kim Jong-il se asegura la lealtad del Ejército para dirigir con puño de hierro este país, el más hermético y aislado del mundo pero donde él vive a cuerpo de rey. El “Querido Líder”, como lo ha bautizado la propaganda oficial en uno de sus habituales arrebatos de megalomanía, es un excéntrico “bon vivant” cuyo gusto por la opulencia sólo es comparable con su tiranía y endiosamiento.

Con un exquisito paladar que sabe degustar el mejor coñac francés, compraba más de medio millón de euros anuales en botellas de Hennessy y Paradis en los 90, coincidiendo con la “Gran Hambruna” que se cobró hasta dos millones de muertos. En la actualidad, y debido al embargo internacional por sus ensayos atómicos, se abastece de China a través de la ajetreada frontera sobre el río Yalu en Dandong. En la primera mitad de este año, Corea del Norte importó del gigante asiático 34 millones de euros en alimentos, pero también 7,5 millones en coñac, whisky, cerveza japonesa y cigarrillos Marlboro.

Ajeno al sufrimiento de su pueblo, Kim Jong-il utiliza palillos de plata para comer la langosta más deliciosa y el “sushi” más fresco, que le llevan desde la costa cada día en helicóptero cuando viaja en su tren blindado porque tiene miedo a volar. Así lo observó el diplomático ruso Konstantin Pulikovsky cuando se desplazó con él desde Pyongyang hasta Moscú. Tal y como relata en su libro “Orient Express”, en el convoy también le acompañan bellas “maquinistas” que confirman su reputación como mujeriego y coleccionista de amantes.

Según las malas lenguas que lo ridiculizan, es un cinéfilo voraz que atesora más de 20.000 películas en su videoteca, donde tienen un lugar destacado las sagas de James Bond y de Viernes 13. A tenor de la propaganda, es un hombre culto y refinado que visita con frecuencia el Instituto de Cine de Pyongyang y ha dictado 590 directrices sobre el séptimo arte. Pero en 1978 llegó a secuestrar a un director surcoreano, Shing Sang-ok, y a su esposa, la famosa actriz Choi Un-hee, para que rodaran “Pulgasari”, una versión comunista de “Godzilla”. Por supuesto, ambos escaparon de sus garras aprovechando un viaje por Europa.

Desde internet, por cierto censurado, hasta ingeniería de presas, Kim Jong-il sabe de todo y su retrato está omnipresente como si fuera una reencarnación con ojos rasgados del “Gran Hermano” de Orwell. Pero, a sus 69 años, se recupera de un infarto cerebral que sufrió en el verano de 2008 y podría estar preparando su sucesión el próximo mes de abril, coincidiendo con el centenario del nacimiento de su padre y fundador de Corea del Norte, el “Presidente Eterno” Kim Il-sung. Todo apunta a que su heredero será su hijo menor, Kim Jong-un, quien no llega a la treintena pero hace gala de un carácter más fuerte que el mediano, el afeminado Jong-chol, y el mayor, Jong-nan, quien dejó a la familia en ridículo cuando fue arrestado intentando entrar en 2001 en Japón con un pasaporte falso para visitar el parque Disneyland de Tokio.

En caso de que, finalmente, se jubile como dictador, Kim Jong-il podrá relajarse jugando al golf y, como asegura la propaganda, seguir metiendo varias bolas directamente en el hoyo con su “drive”. Al igual que su “dolce vita”, será un retiro dorado para uno de los más crueles sátrapas del mundo.

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