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Publicado hace 1 año: Desde la distancia: abril 2011

REFLEXIONES, A NUEVE AÑOS DEL 11 DE ABRIL DE 2002.

El 11A de 2002 luce como una fecha distante, transcurrida ya casi una década, que no debe ser olvidada, como es inconcebible que después de más de doce años, permanezca en el poder un Presidente que fue electo sólo por cinco, pero que con una impúdica astucia utilizó la vía electoral como un medio para alcanzar la presidencia, perpetuarse en ella, y luego emprender la demolición de la democracia desde adentro, sustituyéndola por una autocracia militarista de filiación castro-comunista, al margen de la Constitución que el propio régimen impulsara en 1999. Mucho se ha escrito desde el 2002 en torno a las jornadas del 11 A, la multitudinaria marcha, la masacre provocada por los grupos de choque del oficialismo, y los complejos acontecimientos que sobrevinieron después, cuando se intentó un cambio de rumbo en la conducción de la nación, en momentos en que el totalitarismo constituía una grave amenaza, y hoy es un hecho incontrovertible. 
La oportunidad es pues propicia para tratar de contextualizar la crisis actual y la de esas fechas, y responder a una desinformación estimulada por la campaña “goebbeliana” desplegada por el gobierno para descalificar, reescribir la historia de ese complejo capítulo y toda la historia patria, sin que falten opiniones superficiales de otros, para beneplácito del gobierno. 
1)      Del estado actual de cosas que vive Venezuela, responsables somos todos. En efecto, el país creyó en 1998 que elegía a un Presidente de vocación democrática que respetaría el régimen de libertades, la propiedad privada y el sistema político consagrado en la Constitución. Así, muchos compatriotas apoyaron al candidato Chávez en las elecciones de 1998, convencidos de que si no resultaba, no podría permanecer en el poder más de cinco años, como lo preveía la Constitución de 1961, y que estaría sometido al control político de los demás poderes. En la búsqueda de un cambio, el país dio un salto al vacío. Los demócratas venezolanos actuaron con un pensamiento simétrico, casi ingenuo, ante un aspirante que pensaba y planeaba en forma asimétrica, con objetivos contrapuestos a los principios pétreos que el país se dio en 1958 y 1961, de regirse por siempre por un sistema democrático representativo, valores que aunque mediatizados con el concepto de democracia participativa, fueron ratificados en la Constitución de 1999. Los testimonios recogidos en el libro “Habla el Comandante” de Agustín Blanco Muñoz (1998), resultado de meses de entrevistas realizadas por éste al Comandante Chávez, eran suficientes para anticipar que se trataba de un líder mesiánico, sin parámetros, con una personalidad compleja y oscuros antecedentes conspirativos, aliado de Fidel Castro pese a su esfuerzo en ese entonces de ocultarlo, y que su llegada al poder significaría la coronación del viejo plan de infiltración de la izquierda en las Fuerzas Armadas venezolanas. La juramentación de Chávez como Presidente, con el “juro ante esta moribunda Constitución”, representó el primer desconocimiento a las reglas democráticas, como antes lo habían sido los dos cruentos intentos de golpe de Estado liderados por éste contra el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. El país fue permisivo con el giro autocrático del gobierno de Chávez, y con el maltrato al Estado de Derecho, como creyó en su momento que la destitución del Presidente Pérez en 1993 favorecía a la institucionalidad democrática, cuando en realidad la debilitó, y le regaló en bandeja de plata un triunfo un año después, a los golpistas de 1992. Luego, al asumir Chávez el poder en 1999, el país fue cediendo ante sus ambiciones de convertirse en dueño y señor de la nación, sin límites, controles, ni sujeción a normas mínimas de rendición de cuentas. Los vapuleadas instituciones democráticas y partidos políticos tradicionales no fueron capaces de resistir la fuerza destructiva del nuevo caudillo, que se mostraba vengativo, intolerante, descalificador, y enarbolaba las banderas de la lucha contra la corrupción y la pobreza, sin que en ninguno de dichos temas se hayan producido soluciones efectivas tras 12 años de gobierno. Pese a las imperfecciones de los 40 años precedentes, el país asimiló el valor de la libertad y la democracia, pero luego entregó banderas y se resignó al retorno a un pasado caudillista de rejo, bota y puño de hierro, ayudado por las falsas promesas con que Chávez conquistó la voluntad de algunos segmentos de la población, por el complejo que produjo en el país el ataque demoledor a la llamada “Cuarta República”, o por los atavismos redivivos de un pasado de dictaduras y montoneras en nuestra accidentada historia como nación independiente, sólo que esta vez el proyecto estaba conectado a un modelo foráneo: el castro-comunismo cubano, al cual se le fue entregando gradualmente nuestra soberanía.
2)      La forma en que se inauguró el gobierno de Chávez con su írrito juramento: “juro ante esta moribunda Constitución” (la de 1961), y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente mediante un referéndum consultivo ilegítimo, en cuya composición logró una aplastante mayoría gracias a la convocatoria inicial del gobernante y a las reglas electorales establecidas, movió al régimen a no consultar la opinión de los demás sectores de la vida nacional en la redacción de la nueva Constitución, incumpliendo por primera vez sus promesas. La redacción de la Carta Magna respondió así a los designios personales del Presidente de la República, y al final, fue sancionada aceleradamente, a carpetazos. Se marcó así el estilo impositivo, no de diálogo que fue consolidándose en adelante, sin que el país reaccionara cuando podía, como la rana en el agua tibia. Desde un comienzo se evidenció además el discurso de fracturas, odios, descalificaciones y lucha de clases en que está hoy inmersa la nación, y el sello de un Jefe de Estado que no admite disidencias ni gobierna para todos, sino para quienes lo apoyan o se le subordinan.  
3)      De seguidas, en la transición entre una Constitución y otra, en el año 2000, se creó el llamado “Congresillo”, dotado de facultades supraconstitucionales y con mayoría oficialista, con lo cual se afianzó la concentración de poder en manos del Presidente de la República, entre otros a través de la designación a dedo de los integrantes de los demás poderes públicos, vulnerando las normas que establecía la nueva Constitución bolivariana recién sancionada. La independencia de los demás poderes y el control político quedaron irreversiblemente conculcados, y con ello la esencia de la democracia. El país guardó silencio, y se dejó aplastar por el cuestionamiento a los cuarenta años pasados (1958-1998), y hasta el Poder Judicial en funciones terminó allanando el camino a la usurpación de los poderes por parte del gobernante.
4)      Por su parte, la Asamblea Nacional bajo control oficialista, ha concedido en cuatro ocasiones, mediante Leyes Habilitantes, poderes extraordinarios al Presidente de la República para gobernar mediante Decretos-Leyes, no sólo en materias económicas o de emergencia, sino en cualquier tema, incluyendo Leyes Orgánicas que habrían requerido para su aprobación la mayoría calificada en el Poder Legislativo. Fue una práctica perniciosa que profundizó los poderes del Presidente hasta la omnipotencia. Mi experiencia personal es reveladora, pues al asumir la Presidencia de Fedecámaras el 28 de julio de 2001, tendí de buena fe puentes de diálogo al Presidente de la República, a quien plantee que por encima de las diferencias, era necesario emprender un diálogo sobre una agenda nacional de cambio más compartida, que habría modificado la historia. Y fue precisamente la aprobación de los primeros 48 Decretos Leyes en noviembre de 2001, lo que dio al traste con ese genuino intento, pese a que insistí al Presidente que ello conduciría a un “choque de trenes”. En ese momento me convencí de que Chávez carecía de talante democrático, y que no le interesaba pasar a la historia como un estadista, que concierta y dialoga, sino como un revolucionario que demuele e impone. Esta decisión del Presidente de aprobar los Decretos Leyes, dio origen a la primera gran protesta nacional que me correspondió liderar: el paro de 12 horas del día 10 de diciembre de 2001, con un respaldo nacional del 90 por ciento. La iracunda reacción del Presidente lo llevó a negar púbicamente que alguien pudiera ser capaz de parar al país, a rechazar con insultos las cacerolas que sonaban como expresión de descontento, y a reiterar su indetenible propósito de transitar por un camino revolucionario, crear un Estado poderoso y fortalecer el control de PDVSA, para tener acceso ilimitado a los recursos que su insaciable modelo exigía.
5)      Así, la sanción de los Decretos-Leyes, la politización de PDVSA y el incumplimiento de la contratación colectiva con el sector laboral venezolano, generaron un clima propicio a la toma de la calle, con una primera marcha opositora el 23 de enero de 2002, además de las jornadas diarias de protesta que se sucedieron durante semanas en la sede de PDVSA en Chuao, y finalmente el paro nacional convocado por la CTV del 9 de abril de 2002, secundado por el sector empresarial. El clima de confrontación se agudizó con los despidos de funcionarios de PDVSA y la politización del Directorio de la institución, hasta el punto de que con posterioridad, el propio Presidente reconoció públicamente que la crisis de PDVSA había sido provocada por él, para exacerbar la confrontación y las purgas.
6)      En el seno de la Fuerza Armada comenzaba también a sentirse un ambiente de malestar por el estilo de conducción y la politización de la institución, dado el efecto de las nuevas normas de la Constitución de 1999, que colocaron en las manos exclusivas del Presidente de la República las decisiones sobre ascensos militares, sin control parlamentario. Así comenzó, al despuntar el año 2002, el llamado “goteo” de pronunciamientos de altos oficiales de las FA que disentían del gobierno, lo cual resultó al final contraproducente, pues los evidenció y facilitó su marginamiento. Ante la exacerbación de de la crisis, dos sectores tradicionalmente opuestos: el sector empresarial y el sector laboral, representados por Fedecámaras y la CTV, con la mediación de la Iglesia concertaron criterios en el documento “Bases para un Acuerdo Democrático”, que otros llamaron Acuerdo de Gobernabilidad, suscrito en Caracas el 5 de marzo de 2002, en lo que fue un reconocimiento a una situación difícil que exigía coordinar posiciones ante un gobierno que hacía caso omiso a los insistentes llamados a la rectificación democrática, en una política de oídos sordos.
7)      Con ese telón de fondo, breve recordatorio de algunos antecedentes del 11 A, trataré de responder a la pregunta: ¿Existía un plan previo al 11 A para sustituir al gobierno de Hugo Chávez, y la gran marcha de ese día fue parte de ese plan? La respuesta es no.  Era sí evidente la creciente ebullición en el ambiente político nacional y el malestar generado por la conducta autocrática del gobierno, conformando un clima tenso e impredecible, lo que fue configurando una crisis de gobernabilidad. Es innegable que a partir de diciembre de 2001 ocurrían cada día decenas de reuniones en la capital y en el resto del país entre gente de los más diversos sectores, para evaluar la situación política nacional, intercambiar ideas o considerar propuestas, y de ellas pueden haber surgido iniciativas o papeles de la más variada naturaleza. También hay que admitir que muchas personas pensaban que ante la tozudez del gobierno, que no ha variado, éste podría implosionar, escenario en el cual había que pensar. Por ello, puede que se hayan barajado opciones en ámbitos privados, pero no es cierto que haya habido un plan concreto para desestabilizar al gobierno, pues nadie podía avizorar lo que sería la marcha del 11 A, los hechos asociados a la masacre de Puente Llaguno, la invocatoria del Plan Ávila, ni los desacatos militares que condujeron a la anunciada renuncia del Presidente. Mis llamados como dirigente de la sociedad civil a través de los medios fueron siempre: “rectifique Presidente, se lo pedimos cívicamente, democráticamente”, y antes, la afanosa búsqueda del frustrado diálogo.
8)      ¿Hubo un proyecto de Decreto antes del 11 A?
Que se diga que hubo un proyecto de Decreto previo al 11 A, para afirmar que había una conspiración, en la cual han pretendido etiquetar mi nombre, es absolutamente falso. Jamás conocí proyecto alguno ni participé en su elaboración, pues estaba concretado a las exigentes responsabilidades de liderazgo en una institución clave de la sociedad civil. En el año 2002, Jorge Olavarría y Allan Brewer-Carías expresaron que les había sido consultado un borrador, y Henry Ramos Allup declaró recientemente a un medio oficialista que lo conoció. Si fue así, guardaron silencio, pues no se hizo del conocimiento de las autoridades o de la opinión pública. El único documento en el cual yo participé institucionalmente, con la mediación de la Iglesia y la moderación de Teodoro Pekkoff, fue ese acuerdo CTV-Fedecámaras “Bases para un Acuerdo Democrático” antes mencionado, ante una multitud que colmó la Quinta La Esmeralda. De haber existido un plan previo estructurado, otra habría sido la historia de abril de 2002. El oficialismo y sus amigos se empeñan en afirmar que hubo un plan conspirativo, pero de ser así, se trataba de una conspiración nacional “a cielo abierto”.
9)      ¿Carmona indujo a Fedecámaras a la radicalización de sus posiciones?
Después de mis esfuerzos fallidos de diálogo con el gobierno, todas las decisiones que condujeron al paro nacional de diciembre de 2001, a la participación del sector privado en actos públicos, así como al respaldo a PDVSA y al paro convocado por la CTV el 9 de abril de 2002 en retribución al apoyo al paro anterior liderado por Fedecámaras el 10 de diciembre de 2001, fueron adoptadas en el seno de Asambleas o Directorios de Fedecámaras, y de ninguna manera obedecieron a opiniones o decisiones personales. Siempre estimulé debates críticos sobre la posiciones a asumir, y las líneas de acción fueron decididas en forma consensuada. Las realidades son tozudas, y de ello dan fe las actas de las reuniones celebradas en esos días. La única decisión que adopté sólo, ante mi conciencia, sin comprometer a la institución que representaba, fue la de dar un paso adelante ante la propuesta del estamento castrense de encabezar la formación de un corto gobierno provisional, con la única finalidad de llamar al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a elecciones limpias para la relegitimación de los poderes públicos. Consideré, erróneamente o no, que una negativa de mi parte podía comprometer la salida a la crisis. En consecuencia, en mis actuaciones institucionales no estuve sólo. Y gracias a ellas, merecí del país un reconocimiento, en momentos tan difíciles, que ahora mucha gente no recuerda o no conoce.
10)   ¿Chávez fue obligado a renunciar?
El desacato militar a las órdenes de Chávez de aplicar el Plan Ávila, es decir la utilización de armas de guerra contra la población civil que protestaba en forma pacífica, además de las muertes ocurridas en Puente Llaguno, desencadenaron la crisis que condujo a la renuncia de Chávez. Éste se encerró durante horas en su despacho en Miraflores, cavilando, llamando por momentos a algunos de sus colaboradores, quienes estuvieron preocupados de que pudiese ser capaz de tomar la decisión radical de quitarse la vida, como lo hizo Salvador Allende en 1973. A la medianoche del 11 A, Fidel Castro llamó telefónicamente a Chávez para analizar con él la crisis existente, y lo primero que le exigió fue no inmolarse. Ambos consideraron alternativas, algunas de ellas no viables, hasta que Castro le recomendó abandonar el país sin renunciar, para desde afuera, con su ayuda y de amigos en la comunidad internacional, recuperar el poder por los medios que fuera necesario, soliviantando a militares y a la población. Fidel ofreció el envío de dos aviones a buscarlo, con el Canciller cubano y una comitiva de Embajadores acreditados en Cuba, a quienes convocó a su Despacho, aunque el avión presidencial venezolano estuvo también preparado para ello. De allí que la estrategia de Chávez se orientara a partir de ese momento a plantear las condiciones para la renuncia, siempre que se le permitiera viajar con su familia y allegados a Cuba, como quedó testimoniado en las gestiones de los Generales Hurtado Soucre y Rosendo ante los oficiales disidentes reunidos en Fuerte Tiuna, quienes enviaron un borrador de carta de renuncia de Chávez en la noche del 11 A.
Vino luego en la madrugada del 12 A el anuncio del General Lucas Rincón al país de la renuncia solicitada por el Alto Mando Militar al Presidente, “la  cual aceptó”, conformando un hecho comunicacional recibido legítimamente por el país, y por tanto de incuestionable valor jurídico, según jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia. Chávez se entregó a sus colegas en Fuerte Tiuna a las 4 a.m., cambiando su plan inicial de renunciar en las instalaciones de Televen, y dialogó con sus compañeros de armas teniendo como únicos testigos al Presidente de la Conferencia Episcopal Monseñor Baltasar Porras, quien había sido requerido por el propio Presidente y por José Vicente Rangel para garantizar su integridad, y Monseñor Azuaje, quien acompañó a Porras. Ambos presenciaron la negativa del Presidente de firmar la renuncia si no se cumplían las condiciones por él exigidas: la salida a Cuba, y dirigirse al país a través de los medios, como lo hizo con éxito el 4 F de 1992. Pero la decisión que prevaleció en dicha reunión, ante la postura de un grupo influyente de oficiales disidentes fue negativa, pues Chávez no debía poner condiciones, y alegando que el país no entendería una salida impune al exterior de quien tenía las manos manchadas de sangre, y que por tanto debía permanecer en el país para ser juzgado. Esa decisión fue crucial, más emocional que racional, alimentada por la carga anímica que prevalecía en el país de impedir que Chávez abandonara el país, incluyendo a numerosos oficiales y civiles presentes en Fuerte Tiuna, y en los aeropuertos de Maiquetía y La Carlota. Yo no había recibido aún la encomienda de encabezar la formación del gobierno de transición, pero opiné, estando ya en Fuerte Tiuna, que era preferible que Chávez confirmara la renuncia a la escalerilla del avión y se marchara. Es conocido que Chávez expresó a sus colegas militares que les sería más útil fuera del país que como un Presidente detenido, pero que la decisión estaba en sus manos. Al final, las condiciones de Chávez fueron rechazadas, lo cual confirma que no prevalecieron decisiones exclusivamente del ámbito civil, excepto la presión de la marcha de ese día, sino que el corazón del conflicto fue eminentemente militar, tanto en la renuncia de Chávez como su retorno al poder. Recuérdese que antes del Decreto de formación del Gobierno Provisional, el General Raúl Isaías Baduel le había jurado telefónicamente lealtad a Chávez, prometiendo que se rebelaría contra cualquier intento de relevo de su cargo. ¡Qué mal le pagó Chávez posteriormente!   
11)  ¿En una visión retrospectiva, cuál fue el principal error cometido en esos momentos?
Sin duda que el haber impedido la salida de Chávez a Cuba, por decisión castrense. En ese mismo momento cambió la historia, y el gobierno de transición quedó condenado al fracaso. En efecto, si bien Fidel Castro le propuso a Chávez una salida al exterior sin renunciar, para luego propiciar una insubordinación popular contra el gobierno de transición y recuperar el poder, de haber confirmado la renuncia, se habría tratado de un Presidente renunciado, a todos los efectos. En consecuencia, encontrándose en la Base Naval de Turiamo la noche del 12 de abril, Chávez logró escribir y que se transmitiera por Fax con la ayuda de algunos elementos leales, un texto en el cual negaba haber renunciado, texto que circuló en las principales guarniciones y coadyuvó a un reflujo de fuerzas, especialmente en los cuadros medios, alentados por las acciones que lideraba el General Baduel desde Maracay, en conexión con el Alto Mando Militar renunciante, y con oficiales clave como el Jefe del Regimiento de la Guardia de Honor del Palacio de Miraflores, Teniente Coronel Morao Gardona, quien afirmó posteriormente que el mayor error táctico cometido por el mando militar de la transición, fue la confirmación por parte del General Vásquez Velasco del comando de dicho Regimiento y de los comandantes de unidades a su cargo, pues de no ser así, no habrían podido planificar las acciones que se ejecutaron para apoyar a las guarniciones que no reconocían al gobierno provisional, ni organizar la retoma del Palacio de Miraflores.  
12)  ¿Por qué no se declaró la suspensión de garantías constitucionales, se reforzó la custodia del Palacio, ni se removieron algunos altos cargos en la FA?
Hubo inconsistencias o debilidades en algunos oficiales en posiciones fundamentales. El General Vásquez Velasco, ratificado como Comandante General del Ejército, mantuvo tercamente la posición de que no debía haber cambio de cuadros en su fuerza, ni siquiera en el Regimiento de la Guardia de Honor, pues no se trataba de un golpe, y hasta se opuso a la remoción de oficiales como el General García Carneiro, de triste recordación. Ello favoreció a los grupos leales a Chávez, que terminaron presionando al General Vásquez Velasco para convocar a una rueda de prensa que debilitó más a la provisionalidad. Otro tanto ocurrió con el General Alfonzo Martínez, quien tendría el mando de la Guardia Nacional, pues estuvo también confundido en aquéllos difíciles momentos, y más tarde arrollado igualmente por el oficialismo. Fue pues fácil planear y ejecutar la reconquista de Miraflores el 13 A en horas de la tarde, en una estrecha coordinación entre el General Baduel y el Teniente Coronel Morao Gardona, Jefe de la Guardia de Honor de Palacio. Aún así, se evitó suspender las garantías constitucionales y no se produjo detención alguna, con excepción del Ministro de Relaciones Interiores Rodríguez Chacín, quien iba a ser investigado por la masacre de Puente Llaguno. De resto, ningún dirigente civil ni militar afín al gobierno de Chávez fue hecho preso. Incidentes menores como el ocurrido con Tarek William Saab, del cual se hizo tanta alharaca, no fue sino el producto del repudio de sus vecinos de La Lagunita, y por ello recibió protección de la Policía de Baruta y en pocas horas liberado con las disculpas del caso. Los integrantes del alto mando militar renunciante estuvieron en sus casas, o se trasladaron a Maracay a parlamentar con Baduel, sin ser molestados. Y el Comandante Arias Cárdenas, del grupo de golpistas del 4 F de 1992, arengó a su colega y conjurado en el samán de Güere, el General Baduel, a actuar con contundencia. Su capacidad de engaño y traición al país se hizo patente ese día y en otras muchas ocasiones, hasta el día de hoy. ¿No se actuó entonces más bien con mano blanda, en un patrón de conducta totalmente ajeno a una dictadura? ¿Un dictador acaso exige que se impida por escrito la posibilidad de postularse como futuro candidato en elecciones?
13)  ¿Por qué se designó a un Almirante como Ministro de la Defensa y no a un General del Ejército?
Porque había desunión, rivalidades y aspiraciones dentro del Ejército, en esos momentos críticos. Por ello fue necesario nombrar en las horas iniciales al Almirante Héctor Ramírez Pérez, para ayudar a consolidar la unidad, pero se perdieron horas vitales, hasta que el 13 de abril en horas de la tarde, hubo reconocimiento consensuado a la figura del General Navarro Chacón, el oficial más antiguo del Ejército, como Ministro de la Defensa, el Almirante Ramírez pasaría a ocupar la Inspectoría General de la FA, y Vásquez Velasco continuaría en el Comando del Ejército, con otros altos oficiales en los comandos de los demás componentes. Fue necesario que el General Guaicaipuro Lameda retara en mi presencia a sus colegas con firmeza, para acicatear el logro de la unidad de mando.
14)  ¿Fidel Castro actuó y habló con militares en esas horas?
Sí. Está confirmado y documentado que no sólo habló con Chávez a la medianoche del 11 de abril, como ya comenté, y que estuvo dispuesto a enviar aviones a buscarlo, sino que se comunicó luego con altos oficiales de la FA para emplazarlos a restituir a Chávez en el poder. Varios de sus colaboradores expresaron después, que la llamada de Fidel esa noche fue determinante, y que los ayudó mucho. Por su parte, el Embajador cubano Germán Sánchez Otero llamó al General Velazco en nombre de Fidel Castro para persuadirlo de un cambio de actitud y de liberar a Chávez, y el propio Fidel reconoció haber hablado con los Generales Raúl Baduel, Lucas Rincón y Julio García Montoya, leales a Chávez. El General Baduel le proporcionó amplia información telefónica a Castro sobre las acciones que preparaban para la reconquista del poder desde la Brigada de Paracaidistas por él comandada en Maracay, y habló en ese mismo momento con el General García Montoya, Secretario Permanente del Consejo de Seguridad y Defensa, como también en otra llamada con el General Lucas Rincón, quien le anunció a Castro que estaban listos para entrar en acción y restablecer a Chávez en la presidencia. Ninguno de dichos oficiales, como tampoco el resto del Alto Mando Militar renunciante fue detenido, y se les trató con respeto. Fue pues notoria la determinación de Fidel Castro, una vez que no se autorizó el viaje de Chávez, de influir en el estamento militar para la retoma del poder, y salvar a quien estaba unido en una relación paterno-filial y de mentor, y con ello la fuente principal de abastecimiento petrolero y de recursos, especialmente a raíz de la información que circuló de que el gobierno provisional revisaría los contratos de asistencia petrolera a ese país. Fue pues una situación mucho más compleja que la asunción simplista que se hace de que Carmona fue el responsable, ante lo que fue un alud político de grandes proporciones, con cientos de intrincadas piezas, intereses y personas involucradas.   
15)  ¿Cómo surgió el Decreto de constitución del gobierno de transición?
He insistido siempre en que más allá del Decreto, lo que sentenció al fracaso al gobierno provisional fue la negativa a la salida de Chávez a Cuba, pues de haberse autorizado el viaje se habría perfeccionado la renuncia escrita, no habría existido el Decreto, y otro habría sido el giro de los acontecimientos. Al permanecer Chávez bajo custodia de la FA, sólo quedaban dos opciones: invocar el artículo 350 de la Constitución, suspender los poderes y llamar a elecciones inmediatas para relegitimarlos, ya que en su mayoría se habían deslegitimado por haber sido designados a dedo por el Presidente de la República, o entregar en manos de la Asamblea Nacional la suerte de la transición, ya que el gobierno había abandonado sus funciones y se había producido un vacío de poder. No fue Carmona quien en forma caprichosa optó por el camino de la disolución de poderes para la convocatoria a elecciones, sino que existió un criterio coincidente en factores de la vida nacional en torno a ese criterio, como lo reseño en mi libro “Mi testimonio ante la Historia” (2004), pero luego, como era de suponer, esos actores se esfumaron, y Carmona quedó como el responsable. ¡Qué inmenso poder el que se me atribuía! La redacción del Decreto no es entonces lo único relevante, sino los cursos de acción alternativos existentes, con otro dato: las vacilaciones de actores políticos clave. Muchas especulaciones se han hecho sobre el supuesto apoyo que un grupo de Diputados estaba dispuesto a proporcionar para legitimar la provisionalidad, pero ello no pasó del nivel de las  conjeturas. A la hora de la verdad, personalidades como Luis Miquilena, que habrían sido cruciales para sumar el apoyo requerido, adoptaron posiciones elusivas o ambiguas. No obstante, el día 13 A se decidió revisar el Decreto para convocar a la Asamblea Nacional a sesionar, y que ésta designara a los integrantes de los Poderes Públicos. Lamentablemente, el General Vásquez Velasco, presionado por los mandos medios, no estuvo presente oportunamente en el lugar donde me encontraba para anunciar la rectificación de una manera consensuada, y ello transmitió una imagen que debilitó aún más a la provisionalidad. Por ello decidí renunciar ante el país desde Fuerte Tiuna a la encomienda que había recibido, y de seguidas, al reaparecer Diosdado Cabello en escena, pues había estado oculto, el Presidente de la Asamblea Nacional William Lara lo juramentó como Presidente, y yo acaté dicha decisión, consciente además de las inconsistencias civiles y militares, que reflejaban una falta de determinación o conciencia sobre la gravedad del momento.
16)  ¿El gobierno provisional era un gobierno plutocrático?
Quizás la figura de un dirigente del sector empresarial encabezando un gobierno de transición pudo haber generado esa percepción, estimulada por formadores de opinión, para quienes ello resultaba inaceptable. La realidad es que ninguno de los oficiales disidentes estaba identificado con intereses distintos a los del rescate de la democracia, en tanto que el gabinete iba a ser conformado con criterios de pluralismo y competencia, entre otros con figuras cercanas al sector laboral, otros de centro izquierda y varios tecnócratas, con un sentido plural. Ni siquiera en mi caso personal se me puede endilgar el mote de “oligarca”, pues he sido un hombre de trabajo, de centro, sin fortuna personal, hijo de un pequeño empresario y nieto de un fundador de periódico de provincia, y como directivo de una importante organización empresarial, fui sólo un accionista minoritario. Nunca milité en partido político alguno, aunque mis ideas políticas podrían estar cercanas a las corrientes del humanisno cristiano, con firmes convicciones libertarias, pese a que los accidentes de la historia me hayan empujado el 11 A hacia el ojo de un huracán, para salvar la democracia, lo cual habría sido posible, de haber existido mayor unidad, y en menor tiempo que en el caso de Honduras.
17)  ¿Hubo apoyo internacional a los hechos del 11 A?
Es otro mito construido por los intereses del régimen, para hacer ver que el “imperialismo” estuvo detrás del 11 A. Al único que vimos actuar fue a Fidel Castro y a la izquierda radical internacional en favor de Chávez, soliviantando a los militares y creando una matriz de opinión de una provisionalidad reaccionaria. No se recibió apoyo de gobierno alguno, y la única entrevista se la concedí a los Embajadores de Estados Unidos y España, en este último caso por ser el país que presidía la Unión Europea. Ello con el fin de notificarles el firme compromiso del gobierno de transición de restablecer en forma inmediata y limpia por la vía electoral el orden constitucional en el país, en 90 días la elección parlamentaria y en 180 días la presidencial, sin que yo pudiera aspirar a cargo alguno. Les comuniqué igualmente la disposición de invocar la Carta Democrática Interamericana de la OEA, para que dicho organismo se constituyera en garante del retorno a la institucionalidad democrática, a cuyo efecto solicité el envío a Venezuela de una misión de alto nivel del organismo, encabezada por el Secretario General y el Presidente del Consejo Permanente. El Grupo de Río esta reunido en Costa Rica, y evaluaba la situación, y sus pronunciamientos apuntaban a la necesidad de asegurar el restablecimiento del orden constitucional en el país.
18)  ¿Fue el pueblo el que decidió el retorno de Chávez?
Pese a la movilización de los círculos bolivarianos el 11 A, convocados a defender el Palacio de Miraflores por activistas del régimen como José Vicente Rangel, Freddy Bernal y el Alcalde Barreto, y que dichos grupos fueron los autores de la masacre ocurrida ese día en Puente Llaguno, no es cierto que el pueblo haya sido la pieza esencial en el retorno de Chávez al poder, sino que todo quedó determinado por decisiones circunscritas al ámbito castrense, sin negar que hayan existido focos de agitación en sectores populares, sin mayor trascendencia. La retoma del Palacio con el apoyo de la Guardia de Honor, el plan del General Baduel y sus aliados, el papel jugado por Fidel Castro, la inquietud en los cuadros medios de la FA que exigían ver la renuncia escrita de Chávez, y para otros los efectos del Decreto, luego rectificado, fueron los elementos principales que confluyeron en los resultados conocidos.
19)  ¿Hubo presión hacia los medios de comunicación el 13 A?
El propósito de la reunión celebrada con directores de medios en Miraflores en la mañana del 13, fue informarles sobre la situación de orden público en el país, los focos militares actuantes y sus posibles consecuencias, las gestiones que se iniciaban ante la OEA, la responsabilidad de ayudar a mantener la calma, además de recibir las opiniones de los presentes, que coincidieron en el restablecimiento del orden constitucional en la nación. En tal sentido, se ratificaron las garantías al ejercicio absoluto de las libertades de expresión e información, y la no aplicación de medidas de excepción, con un amplio respeto a las libertades políticas e individuales. Son falsas pues las conjeturas que se han tejido sobre los objetivos de dicha reunión, con excepción del ofrecimiento que hice públicamente a Patricia Poleo para manejar la política informativa de la transición, la cual no fue de buen recibo entre sus colegas. Concluida la reunión, cada director actuó libremente, conforme a su conciencia o a las políticas de su respectivo medio.      
20)  ¿Hubo alejamiento con la CTV?
Si algún sector mereció siempre la más alta consideración en todas mis actuaciones públicas e institucionales, fue el sector laboral. Son muchos los hechos que lo atestiguan, entre ellos mi papel en los entendimientos logrados en el seno de la Comisión tripartita en los años 1996 y 1997, los cuales me generaron aprecio en el sindicalismo. En la madrugada del 12 A, al llegar a Fuerte Tiuna, me percaté del curso que tomaban los acontecimientos, y traté insistentemente de que el Presidente de la CTV Carlos Ortega se hiciera presente en el Fuerte, pues ya José Vicente Rangel había comentado al General Vásquez Velasco que Chávez renunciaría a su cargo esa madrugada. Pero Ortega, con quien había compartido muchas luchas hasta horas atrás, no atendió mi llamado por razones personales o políticas que sólo él puede aclarar. No obstante, al día siguiente, el 13 A en la mañana, me reuní con Ortega y la directiva en pleno de la CTV para garantizarles la preservación de sus derechos y conquistas laborales, incluyendo la definición del salario mínimo, y llegando a cambiar opiniones con Ortega sobre algunas designaciones. Posteriormente, el día 13 en la mañana, ofrecí a Manuel Cova, segundo en la CTV, la Vicepresidencia Ejecutiva de la República, con el fin de dar una muestra de amplitud y equilibrio, pero tal ofrecimiento debía ser consultado por Cova a su organización. De no haberla aceptado, había pensado en el dirigente político y sindical Andrés Velásquez, sin que haya llegado a proponérselo. Hoy creo que si Ortega no hubiera actuado con tanto cálculo político, la historia sería diferente. 
21)  ¿Fue el 11 A una oportunidad perdida?
Desde luego que sí. Hubo errores, omisiones y rectificaciones, pero si el país hubiera tenido conciencia de los riesgos que implicaba el retorno de Chávez, otro gallo cantaría. La mayor evidencia de ello en el presente la demuestra todo lo que ha sido capaz Chávez de hacer en estos nueve años, sumiendo al país en una gran tragedia, al sustituir el sistema político consagrado en la Constitución, mediante un golpe de Estado progresivo y continuado. Algunos dirigentes civiles y militares se rasgaron en aquellos momentos las vestiduras por una legalidad inexistente, y las consecuencias las estamos viendo. La democracia no es sólo elecciones, o la legalidad en el origen, sino la legitimidad en el desempeño del gobernante. No obstante, como es usual en nuestra patria, Carmona es el culpable, y los demás se lavan las manos. El propósito de estas reflexiones no es inculpar a nadie, ni eludir responsabilidades, sino poner de relieve el simplismo de colocar sobre las espaldas de una persona toda la carga de lo ocurrido, donde hubo tantísimas variables y actores, y recordar que la responsabilidad primigenia es de todos, al llevar a Chávez al poder, permitirle llegar tan lejos y dejarlo perpetuarse.   
22)  ¿Fue el 11 A el punto de quiebre hacia la radicalización del gobierno?
Es otro tema que también hay que colocar en su justa dimensión. Sin duda que el 11 A ocasionó purgas en el estamento militar, pues evidenció quiénes estaban o no con el gobierno, pero casi todos permanecieron en el país en condición activa. Hay quienes opinan que los acontecimientos de abril constituyeron un autogolpe de Chávez, pero mientras ello no se demuestre, es sólo una conjetura. No obstante, con posterioridad al 11 A se produjo el juicio a los Generales Vásquez, Pereira, y a los Almirantes Ramírez y Comisso, que concluyó con una decisión del Tribunal Supremo en agosto de 2002 declarando que se había  tratado no de un golpe sino un vacío de poder, decisión que indignó a Chávez y provocó la separación del Magistrado ponente, Dr. Arrieche, aunque la decisión había sido aprobada por el pleno del Tribunal Supremo. Luego vinieron los pronunciamientos militares de la Plaza Altamira a partir de octubre del 2002, en que se involucraron numerosos oficiales de la FA, y ello provocó otras reacciones de parte del gobierno. No hay que olvidar que Chávez retornó al poder con un crucifijo en la mano, prometiendo rectificar en todo cuanto fuere necesario. Ofreció y constituyó en mayo de 2002 una mesa de diálogo presidida por Jose Vicente Rangel, que no llevó a resultados, como tampoco fue posible la constitución de una Comisión de la Verdad para aclarar la matanza de Puente Llaguno, como lo exigía insistentemente la oposición.
En lo personal, salí del país el 29 de mayo de 2002 después obtener asilo en Colombia, con un salvoconducto firmado por Chávez y Cabello, tan sólo seis días después de haber pedido el asilo en la Embajada, cuando algunos pensaban que transcurriría largo tiempo antes de que fuese autorizada mi salida. Por su parte, varios funcionarios de PDVSA fueron reincorporados a sus funciones, y se modificó su Junta Directiva. Por tanto, sin negar las consecuencias del 11 A, hay que precisar que la mayor radicalización de Chávez ocurrió a raíz de la huelga petrolera y el paro nacional cumplidos entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, estando yo fuera del país, pues Chávez adoptó decisiones extremas, entre ellas las purgas mayores de 20.000 personas en PDVSA, el control de cambios, y cambios en las FA. El curso posterior es conocido: en 2003 y 2004 se convocó a un referéndum revocatorio del Presidente, con la mediación de la OEA, pero la recolección de firmas fue manipulada por el gobierno, y luego objeto de presiones, y tras el triunfo logrado por el régimen, se aceleró el camino hacia el Socialismo del Siglo XXI, el cierre de medios, la siembra del terror, y la intervención de la economía por parte del Estado. No es pues correcto atribuir la radicalización de Chávez sólo al 11 A, por las razones anotadas, y porque los planes de la revolución bolivariana estaban ya perfectamente definidos.   
23)  ¿Los comisarios Simmonovis, Vivas y Forero tienen responsabilidad en los hechos por los cuales fueron sentenciados?
Los comisarios han sido víctimas de la más burda e injusta retaliación, pues para el gobierno era vital desvirtuar la masacre de Puente Llaguno, e inculpar a la Policía Metropolitana y a sus líderes como culpables. Me consta que tanto el Alcalde Alfredo Peña como Simmonovis y los comisarios hicieron lo que estuvo a su alcance para evitar un enfrentamiento entre ambos bandos, al llegar la marcha a las cercanías de Miraflores. Yo mismo le consulté al Alcalde Peña en la tribuna de PDVSA en Chuao qué pensaba sobre el deseo incontenible de esa inmensa masa de manifestantes de marchar hacia Miraflores, y él me alertó sin rodeos que serían masacrados por los fanáticos círculos bolivarianos. Por ello decidí gritar a todo pulmón desde la tribuna de PDVSA, “a Miraflores no; hasta la Avenida Bolívar”, el único que lo hizo, como está documentado en los videos de ese día, mientras que otros líderes de la sociedad civil se allanaban a la voluntad popular de marchar hacia Palacio. Para el gobierno ha sido esencial reescribir la historia de Puente Llaguno, exculpar a los matones que el mundo vio disparar contra la marcha, sosteniendo que lo hicieron en legítima defensa, y por ello liberados y homenajeados. Luego el gobierno contrató a documentalistas y panfletistas para desvirtuar ese sangriento capítulo, pues era una mancha que había que borrar a cualquier costo. De allí el afán de enjuiciar a los comisarios sin el derecho a la legítima defensa y al debido proceso, radicando el caso en Maracay, sin pruebas, fuera de términos, y allí están, pudriéndose con años de sentencia, como víctimas que son de uno de los procesos más infames de la historia de jurídica en Venezuela, sin que el país haya salido a la calle en su defensa, como en justicia lo merecían.  
24)  ¿Por qué el asilo político?
Porque si bien en el juicio iniciado contra mí por el Ministerio Público, la Juez de Control consideró improcedente la acusación por el presunto delito de rebelión, y decidió la detención domiciliaria, dicha decisión fue apelada por la Fiscalía y pasó a manos de una Corte de Apelaciones que fue fuertemente presionada políticamente. Al cabo de mes y medio la Corte optó virtualmente por una sentencia sin juicio por el delito de rebelión, atrocidad jurídica que era vital para el régimen para sentar jurisprudencia, negándome el derecho al debido proceso y a la legítima defensa. Las violaciones constitucionales de la decisión de la Corte de Apelaciones quedaron documentadas por mi abogado defensor en enjundiosas apelaciones legales presentadas, obviamente desestimadas por el TSJ. El asilo es una institución sagrada del Derecho Internacional, destinada precisamente a resguardar a perseguidos o incursos en presuntos delitos políticos. En mi caso se cumplieron todos los pasos del Derecho Internacional, a saber: asilo diplomático en la Embajada de Colombia en Caracas, calificación del asilo por parte del Gobierno colombiano, único competente para ello, otorgamiento del salvoconducto por parte del Presidente Chávez, y perfeccionamiento del asilo territorial en Colombia.
25)  ¿Qué haría distinto?
No daría crédito a palabras ni ofrecimientos de ningún tipo, sino a hechos. Abundan los que en momentos complejos alientan a dar pasos adelante, prometen, ofrecen y luego se esfuman, dejando solos a quienes han arriesgado su pellejo. He visto de cerca la miseria humana, y he sufrido en silencio infamias hasta de personas que estuvieron cerca, pero que para huir desvirtúan los hechos ocurridos. La victoria tiene muchos amigos y la derrota es huérfana. El sacrificio personal, familiar y profesional asumido ha sido demasiado elevado, por la inveterada tendencia nacional a hacer leña del árbol caído, eludir responsabilidades, o crear chivos expiatorios. Por ello, si pudiera dar marcha atrás al reloj, no asumiría jamás una responsabilidad individual sino colectiva, estructurando por ejemplo una Junta de Gobierno, fórmula que en su momento no era del agrado del estamento castrense, pues no deseaba asumir funciones directas de gobierno.
26)  ¿Era sostenible un gobierno provisional en esas fechas?
La convocatoria a elecciones era la mejor carta de la provisionalidad. Pero es posible pensar que el ciclo histórico de Chávez no estuviera cerrado en el 2002, pues conservaba aún poder y tenía seguidores capaces de generar violencia. Incluso si Chávez hubiera viajado a Cuba, desde allá, con la ayuda de Fidel Castro, habría intentado enguerrillar al país o estimular una guerra civil. Corresponde ahora, ante el fracaso sostenido del gobierno, que el país busque una salida constitucional, pese a la violación sistemática de las reglas electorales por parte del gobierno, reaccionando ante el proyecto castro-comunista que avanza a pasos acelerados, y el desconocimiento a la Constitución y a la voluntad popular expresada en diciembre de 2007 y en septiembre de 2010.  
27)  ¿Qué hacer?
Mirar hacia adelante. No acomplejarse ni arredrarse con los reveses del pasado. Muchos temen que los llamen golpistas, que es como acostumbra el gobierno acorralar a la disidencia, sin recordar que el gobierno fue golpista, y es golpista en forma continuada. El gobierno de Chávez no es democrático, es dictatorial, y así hay que decirlo. No hay que ser débiles ante su estilo arbitrario, o ante la cubanización del país, justificada por el régimen con la fusión de los dos países y procesos, en una línea argumental inaceptable. Es necesario que las fuerzas democráticas consoliden su unidad, y se fortalezcan para rechazar sin miedo las violaciones a la Constitución, y la vulneración del sistema electoral. Si algunos expresaron que el 11 A tuvo un componente de inexperiencia política que no niego, los políticos experimentados tampoco han sido capaces de sacar con éxito al país de la tragedia, sin desconocer sus méritos, y que los partidos son consustanciales a la democracia. Es necesario apoyar el papel de los jóvenes en la vida política nacional, pues está en juego su futuro, y porque han demostrado valor para lograr conquistas. Es esencial estructurar una propuesta unitaria de la opción democrática que resulte creíble al país, y como alternativa para la reconstrucción de una nación que quedará destruida institucional y anímicamente. Hay que deponer actitudes personalistas o grupales, las cuales deben subordinarse al interés nacional y al bien común. La alternabilidad política implica retos gigantescos como la reconciliación sin impunidad, la refundación de las instituciones, el desarme de la población, la reestructuración de la economía y de la política internacional, llegar al alma del pueblo con programas sociales que atiendan la solución de sus necesidades vitales, y ataquen problemas estructurales con base en la superación y el trabajo; garantizar la seguridad, desterrar la anarquía y la corrupción generalizada, relanzar la educación de alta calidad, resembrar valores perdidos, y enfrentar la desolación en que quedará un país, atrasado e hipotecado. Para ello es indispensable construir un sólido acuerdo nacional que asegure la gobernabilidad, y permita alinear a los venezolanos en la senda del progreso, la libertad, y la democracia, y que estimule el retorno al menos parcial del casi millón de compatriotas que han emigrado, provocando la peor de las descapitalizaciones imaginables: la del talento humano. Ojala que todos podamos volver algún día a la patria que nos pertenece, y abrazarnos como hermanos, sin distingos de credos políticos o religiosos. En suma, todos somos responsables del destino futuro del  país, y del encuentro de salidas no violentas al actual estado de cosas, que sume al país en penurias sin precedentes. El día que tomemos conciencia de ello, saldremos de esta dictadura que enfrenta entre sí a los venezolanos y que es ajena a nuestra voluntad e idiosincrasia.
A quienes consideran que el 11 A se fue muy drástico, los invito a pensar en si lo grave no es el punto hasta donde hemos llegado, y en que todo habría conducido en forma rápida al rescate de la democracia, aún partiendo de un efímero período de facto. El país sería otro si además se hubieran aprovechado bien los inmensos recursos que nos ha prodigado la naturaleza en esta década perdida. Quienes imaginaron que Chávez era capaz de rectificar, el tiempo ha demostrado que ello es un imposible en una tipología psiquiátrica narcisista, paranoide, que no da tregua al resentimiento, a la destrucción, y que asume un modelo fracasado en el mundo, que niega los derechos ciudadanos y coloca al país en los lugares más bajos de desarrollo y competitividad del planeta. El régimen es insaciable en su sed de poder, en su afán de aniquilación de la propiedad privada y del aparato productivo, en imponer limitaciones al régimen de libertades, en la malversación de recursos de todos los venezolanos, en la desinstitucionalización, descomposición social, ineficiencia, en insólitas alianzas con las peores tiranías del mundo, y en la criminalización de la disidencia. Más allá de los errores u omisiones del 11 A, reflexionemos sobre si se podía manejar una situación tan compleja, una verdadera crisis existencial, con total celo jurídico, o si no era mejor convocar al pueblo soberano cuando se podía, a acudir a las urnas para redefinir en forma limpia el futuro de la nación.
Reflexionemos además con honestidad si como pueblo hemos sido capaces de enfrentar la destrucción del sistema económico y político de la nación, o si nos hemos cruzado de brazos. ¿No será que además de los errores que atribuimos a los Presidentes Caldera, Herrera, Lusinchi, Pérez, al propio Chávez, a los partidos políticos, o al gobierno provisional de Carmona, los venezolanos tenemos que autoanalizarnos sobre si no son sólo malos los gobernantes, sino que como sociedad somos todos corresponsables del trágico estado de cosas que vivimos?
Al decir de Áxel Capriles: “La población ve y sufre con absoluta resignación el agudo deterioro del país. Lo acepta con calma. Ya no importa que la autopista que conecta a la capital con el principal puerto del país vuelva a derrumbarse, que al unísono se produzcan cortes eléctricos, fallas en el metro, grietas y filtraciones en las carreteras, mengua de la producción agropecuaria, insuficiencias habitacionales, nuevas epidemias, crisis hospitalarias, secuestros y asesinatos a granel. Ya nada importa. Nada cambia las encuestas. Todos los indicadores miden lo mismo. Es la normalización de la patología. Es la indiferencia a la mentira. Es el bravo pueblo convertido en Juan Bimba”. 
Que la oportunidad cercana al 2012, año de elecciones presidenciales, en que se cumplirán trece años de uno de los  gobiernos más largos y nefastos de la historia patria, marque el punto de inflexión que el pueblo venezolano anhela, para poner término a un cuadro de tanto desfase conceptual y barbarie política, que hará llegar muy tarde a Venezuela al siglo XXI, como llegó tarde con Juan Vicente Gómez al siglo XX.

“Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios”

 

 

Categorías:Curiosidades, Politica
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