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Caicara del Orinoco – La suerte de Capriles Radonski / @hcapriles

 Reportaje: – La suerte de Capriles Radonski.

 

La suerte de Capriles Radonski

 

¿Qué hace que Henrique Capriles Radonski tenga, como nadie antes, la posibilidad de derrotar en los comicios al presidente Chávez?, ¿es suerte o destino?

 

Por Boris Muñoz / Fotos de Guillermo Suárez

 

¿Seguirá la suerte del lado de Capriles?

Un bongo remonta el Orinoco. De pie en la proa, sujeta el amarre, mientras la pequeña embarcación se abre paso por el ancho río, va Henrique Capriles Radonski, rival de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre y, para muchos de quienes lo esperan en la orilla, el próximo presidente de Venezuela. A medida que la proa se enfila hacia el puerto de La Arenosa y el encuentro con sus conciudadanos se hace inminente, el candidato saluda, derrocha sonrisas y regala besos que son atajados en el aire por jóvenes mujeres al borde del desmayo.

Son las diez y media de la mañana en Caicara del Orinoco. A pesar de su lugar en la historia patria, el pueblo no es gran cosa. Después de muchos años y muchos gobiernos sigue teniendo cierto aire de abandono. Algunas de sus calles aún son de tierra pisada, y cuando llueve se inundan y dejan inmensos charcos de aguas mohosas por los que pasean perros famélicos de mirada arrepentida. Pero en una campaña electoral como la venezolana, Caicara tiene una connotación especial. Después de Ciudad Bolívar, antigua Angostura, Caicara del Orinoco fue el pueblo más visitado por el Libertador durante la gesta de Independencia entre 1811 y 1824.

Capriles Radonski salta ágilmente de la nave y un instante después se encuentra encaramado en un diminuto templete, mientras a sus pies una compacta pero ardorosa multitud lo aclama con gritos eufóricos. Muchos intentan hacerle llegar papeles en los que solicitan su ayuda. Otros simplemente lo escuchan bajo elegantes sombrillas que los protegen del implacable sol de la zona tórrida. “Chávez se acabó”, dice un antiguo militante del histórico partido Acción Democrática (AD). He escuchado expresiones muy parecidas durante las giras en días recientes, pero ninguna tan categórica.

Quizás es muy temprano para anunciar la muerte política del hombre fuerte de la revolución bolivariana. Chávez siempre ha sido un peso pesado de las campañas y sigue como puntero en los sondeos. Capriles Radonski, sin embargo, lo ha sorprendido al moverse con la agilidad de un peso ligero en el ring electoral, se le acerca día a día en una campaña sin tregua y hace posible para la oposición venezolana la esperanza de ganar el 7 de octubre. Ése es su principal reto como candidato. El segundo no es menor: si pierde, debe perder ganando. Es decir, debe ofrecer un resultado tan cerrado como para convertirse en líder indiscutido de la oposición y, al mismo tiempo, en la paradójica opción natural para suceder a Chávez ante su virtual ausencia del escenario político.

En el templete, Andrés Velásquez, un diminuto pero infatigable político y actual candidato a la gobernación del estado, recuerda los problemas que sufre Caicara: centros educativos en la ruina, cortes de luz y agua en el estado de mayor generación hidroeléctrica y con las mayores reservas del vital líquido del país, criminalidad sin freno.

Un minuto después se inicia una asamblea ciudadana en la que los vecinos plantean sus agonías. Édgar, el sindicalista, invita al candidato a comprometerse con la recuperación de las empresas básicas —siderúrgica y de producción eléctrica—, mayores fuentes de trabajo de la zona. Hay indígenas que depositan en él sus esperanzas en un idioma de sonidos dulces, pero incomprensibles a mis oídos. Una maestra jubilada habla por las madres del pueblo que en lo que va de año han perdido ya diecisiete hijos, que fueron asesinados. Otra mujer le recuerda que no debe prolongar su soltería y ofrece presentarle a su hija soltera en edad de merecer.

Capriles Radonski escucha en silencio y anota todo lo que puede en un cuaderno. Luego toma el micrófono y otea el mar de rostros, banderas y pancartas. “Buenos días a todos. Dios bendiga a Caicara del Orinoco”. Y uno a uno, de un modo sistemático, responde a los planteamientos expuestos. Más adelante desmiente la campaña del gobierno según la cual, si llegara a ser presidente, eliminaría las misiones, populares programas sociales creados por Hugo Chávez. “Las misiones son del pueblo. El gobierno tiene otra misión: la misión miedo, para que ustedes no voten por un país mejor”. A mi lado se encuentra Jesús Urbina, un hombre de piel curtida quien también lleva una camiseta de AD. “¿Es usted adeco?, porque según el dicho: ‘¡Adeco es adeco hasta que se muere!'”, lo sonsaco. “Soy ‘caprilero’ —dice acuñando un neologismo—. Me gusta lo que este muchacho ofrece para arreglar la inseguridad. Hay demasiada violencia en este pueblito”.

El líder los anima a dejar atrás lo que llama catorce años de mal gobierno y adoptar el progreso con el que dice soñar. Son las once y el acto está por terminar. Un hombre grita: “¡Por un presidente que no hable tanta paja, carajo!”.

Capriles Radonski busca abrirse paso entre el corazón de la masa pero es casi imposible. Por fin, los muchachones que lo resguardan logran arrancarlo a la turba y llevarlo hasta el microbús que lo transportará el resto del día por el noroeste del enorme estado Bolívar. Van cuarenta y dos días de campaña en los que Capriles Radonski ya ha dado una vuelta al país visitando ciento treinta y tres pueblos. Pero cuando estas líneas sean publicadas serán más de doscientos, o quizá trescientos, y el candidato habrá ya dado tres vueltas al país.

LA EVOLUCIÓN DE HCR
Las opiniones sobre Capriles Radonski están lejos de ser universales, pero nadie pone en duda que es un político de raza. Hace un año, en las filas opositoras pocos apostaban por él. Gracias a su enérgica campaña, hoy es un líder nacional. En realidad, Capriles Radonski no dejó nada al azar en su ruta hacia la candidatura presidencial. Mientras la oposición venezolana se desgarraba en luchas internas, él se apartó de la polémica. Durante cuatro años recorrió intensivamente el estado Miranda, del cual fue elegido gobernador en 2008, y se dedicó a profundizar programas educativos, de salud y deportivos para un estado densamente poblado, que alberga desde municipios de clase alta hasta enormes barrios y zonas rurales, con grandes necesidades de servicios y obras públicas. El relativo éxito obtenido lo convirtió en una referencia de gestión eficaz.

Cuando lo entrevisté hace un año para un reportaje de esta misma revista, me dijo que Chávez había abandonado la calle mientras él había recorrido cada pueblo de Miranda. Su oportunidad de oro cayó del cielo en forma de un diluvio que asoló buena parte de ese estado —en particular sus zonas costeras— durante la temporada de lluvias de 2010. Capriles Radonski se dedicó a atender la emergencia ante la lenta respuesta del gobierno nacional. Hace pocas semanas, al preguntarle por su gestión de gobernador, recordó el episodio: “El presidente vino a aparecer en Barlovento —la población más afectada por las inundaciones— cuando llevaba quince días bajo las aguas, y sólo para tomarse unas fotos. Yo estuve allí desde el día uno hasta que solucionamos la emergencia”.

Durante años, quienes se oponen a Chávez han enfocado sus ataques en temas ideológicos o políticos, como el estilo autocrático, el enorme control institucional que ejerce, sus relaciones con gobiernos dictatoriales o la exacerbada corrupción en su mandato. Capriles Radonski evadió con disciplina estos asuntos para criticar la ineficiencia del gobierno y, al mismo tiempo, promover una oferta social para todos los venezolanos sin distinción ideológica o partidaria. Era una fórmula en la que nadie creía, porque evitaba dar una pelea por principios democráticos que han sido la bandera opositora. Sin embargo, funcionó y lo llevó a triunfar de manera arrolladora en las elecciones primarias de la oposición en febrero pasado.

Cuando se indaga sobre el pasado de Capriles Radonski antes de la política, no se encuentran hazañas personales al estilo de la conquista de alguna cumbre o épicas estudiantiles contra un poder establecido. Pero nadie deja de mencionar su implacable tenacidad y disciplina como el principal resorte de su éxito en la política.

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