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Caso Chano Cicpc: la huella ensangrentada de un zapato fue determinante para atrapar a asesinos de “Chano”

Cicpc: la huella ensangrentada de un zapato fue determinante para atrapar a asesinos de “Chano” – Diario La Nación.

El 27  de julio,  en la casa marcada con el número 01-97 de la vereda Monte Cristo, en La Llanada, sector de Lobatera, mataron al  estilista Belisario Gómez Sánchez, de 64 años de edad, mejor conocido como “Chano”. Esta era su residencia.

Su muerte causó gran estupor y rechazo a nivel estatal  y nacional, pues su trabajo  durante casi 40 años fue reconocido en todo el país.

El cadáver, con gran cantidad  de heridas por arma blanca y en estado de descomposición, fue hallado por un familiar, unos días después de que lo mataron.

En completo desorden se encontraba el lugar, lo que hizo presumir que se trataba de un robo, móvil que fue confirmado al conocerse que desapareció una caja fuerte que celosamente el estilista escondía en un lugar conocido por pocos, en la que guardaba joyas y algún dinero.

Obviamente, para los investigadores los primeros sospechosos a descartar eran sus más allegados, incluyendo familiares. Dado que era un hombre con muchos amigos, pero a la vez, bastante reservado en su proceder personal, al desestimar a los primeros  sospechosos (un entorno bastante pequeño), el eje de Homicidios prácticamente se quedó sin saber qué hacer, no tenía una pista de dónde partir.

Se entrevistaron con gran cantidad de personas vinculadas  a la víctima, pero ninguna pudo ofrecer un elemento del cual asirse. Reiteraban que él era muy buen amigo, pero que lo que pasaba dentro de su casa era prácticamente un misterio.

Acudían allí clientes muy personalizados que “Chano” aún  mantenía y que,  previa cita, iban a cortarse el cabello o peinarse, eran  misses, abogados, militares, en fin. A su casa no podía entrar nadie, ya sea que se movilizara en taxi o vehículo particular, sin que él lo permitiera, abriendo desde adentro el portón eléctrico.

De tal manera que, una vez en su propiedad, lo que pasaba allí con sus visitantes nadie lo sabía. Pero todos ellos fueron entrevistados y descartados.

“Era contradictorio. Era muy conocido, pero a la vez  muy cerrado en sus cosas. Se nos hizo bastante difícil, pero finalmente logramos hallar la única agujita en el pajar, de la que pudimos agarrarnos”, expresó uno de los investigadores del caso.

Confiando en que las evidencias colectadas en la casa de “Chano”, las cuales fueron enviadas al laboratorio criminalístico del Cicpc, rindieran pronto los frutos necesarios, los investigadores se abocaron a hacer uso de la telefonía  y de otros medios, estos últimos no revelados, para dar con los asesinos.

La huella de un zapato

La más valiosa evidencia, la huella de un zapato ensangrentado colectada cerca del cadáver, más adelante se acoplaría perfectamente al calzado de uno de los implicados en el caso.

La telefonía les permitió ir desestimando otros posibles sospechosos. Llamada por llamada, tanto  las entrantes como las salientes, fueron revisadas. El trabajo de analizar los registros telefónicos fue tedioso, lento.

“Chano” tenía un teléfono para hacer llamadas, otro para navegar, un tercero lo utilizaba para enviar y recibir mensajes de texto, y poseía un cuarto equipo, en el que escuchaba música.

Poco a poco la luz iba apareciendo. La telefonía y cruce de llamadas ubicaron a un  sospechoso potencial. Según este registro, el día que asesinaron al estilista, el  número telefónico asignado a este fue ubicado en El Palmar de La Copé, municipio Torbes.

Luego tal número registra en casa de “Chano”, o al menos en sus adyacencias, y más tarde, nuevamente, en el municipio Torbes.

“Indagando más profundamente, pudimos identificar al dueño del teléfono, un menor de edad, que actualmente está en fuga, y a través de él precisar a quienes pudieron haber participado en el hecho. Determinamos que ese adolescente conocía bien a la víctima. Buscó a otros dos, con los que planificó subir a su casa y robarlo, como efectivamente hicieron. Lo llamaron por teléfono para indicarle que lo irían a visitar”, precisó.

Sin  imaginarse lo que el adolescente y sus cómplices planearon, el estilista no tuvo  reparo en dejarlos pasar. Tras someterlo y robarlo, decidieron asesinarlo para que no los delatara.

En los allanamientos que posteriormente hicieron, con base en la resulta telefónica, los investigadores detuvieron a los dos posibles cómplices del menor. Se incautaron del vehículo en el que se movilizaron el día del crimen, el cual habían mandado a reparar  en un taller tras haberlo chocado, trabajo que pagarían con el dinero que obtuvieron  al vender las joyas de “Chano”.

“Y al practicar la detención de los dos sospechosos, entre las evidencias colectamos los zapatos de ellos. Uno coincidió con la huella ensangrentada, el acople fue perfecto. Esta evidencia, junto con el resto de trabajo practicado, los puso al descubierto, no tuvieron para dónde agarrar”.

Miriam Bustos

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