APORREA: Por el camino en que Maduro lleva al país… “no es un adiós, es el fin del chavismo”

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(…) La crisis intelectual de la modernidad política se pone de manifiesto, cuando la apatía ciudadana se extiende en los sistemas políticos, cuando los ciudadanos se des-solidarizan de la cosa pública y de la organización social, cuando los lazos de cohesión comunitaria son reemplazados por la mercantilización clientelística de las relaciones políticas, cuando se abre la brecha social y cultural entre la ciudadanía atomizada y la clase política y gobernante, cuando el discurso político se separa de la realidad y deviene ininteligible para los ciudadanos: podría afirmarse que la modernidad aliena a la política de los ciudadanos.

Rodríguez, L. (2011) Política y Poder. La construcción política de la realidad

Javier Antonio Vivas Santana / Aporrea

Cuando Maduro asumió el poder por decisión de Hugo Chávez sabía que tenía un solo compromiso: Preservar la revolución bolivariana.

Pero Maduro confundió revolución bolivariana con una especie de continuismo al creerse en el poder la segunda versión del comandante, a expensas de saber que el chavismo sin Chávez no existe, no porque desaparezca su filosofía, sino porque simplemente Chávez resultaba insustituible como estadista y conductor de un proceso político de una envergadura cuyo liderazgo estaba concebido desde el plano humano hasta el espiritual en la mayoría de sus seguidores.

Así vemos el cómo el actual presidente de la República sigue con las reuniones ministeriales televisadas, las “cadenas”, y hasta un programa llamado, “En contacto con Maduro”, esto sin contar con las órdenes emanadas del propio gobierno, en continuar seguir exaltando una figura presidencial que si algo ha logrado en poco más de dos años, ha sido no sólo fracturar y generar desesperanza en el pueblo, sino que los venezolanos estamos viviendo una espantosa crisis económica, cuyos menguados ingresos ni siquiera alcanzan para comer, aunque los burócratas de algo que llaman Estado hablen en contrario.

Maduro descaradamente nos permea con su verbo la existencia de un gobierno que no tiene la culpa en ninguno de los males que nos aqueja como población. Si habla de inflación, esta sólo es inducida por las cúpulas empresariales ¿Y quién maneja el control sobre nuestras divisas y la impresión del dinero inorgánico? Si el tema está referido con la escasez, entonces nos preguntamos ¿Dónde están el cemento, las cabillas, o teléfonos (fijos o celulares) de las compañías estatales de construcción y telecomunicaciones? ¿También serán ellas parte de la llamada “guerra económica” y el acaparamiento? ¿O todavía están sus medios de producción en manos “desestabilizadoras”?

Cuando el problema se refiere con la delincuencia, la respuesta para Maduro y sus quitamotas es sencilla: son “paramilitares”. ¿Y cómo han entrado al país tales grupos y han podido organizarse sin que las autoridades y grupos especiales de seguridad no hayan alertado en su momento sobre tales irregularidades? ¿Ineficiencia, complicidad u omisión?

De igual manera, lo que ocurre por el este con Guyana y por el oeste con Colombia no es algo que se haya originado en los últimos meses. Es una realidad incuestionable que lleva años y años. Entonces, ¿cómo es posible que sea ahora cuando Maduro se haya dado cuenta de tales desafueros y abusos sobre nuestros territorios en justa reclamación y espacios de frontera? ¿Cuál fue su papel y misión en los tiempos que ejerció la cancillería y la vicepresidencia? ¿Negociar o simplemente callar? ¿Sabe por ejemplo, nuestra embajada en Colombia que en los mapas oficiales de ese país se describe el golfo de Venezuela, como golfo de Coquivacoa, y de la misma manera se divulga en todas las instituciones de educación de esa nación? ¿El contrabando y el valor de la divisa paralela en Colombia tiene o no sus orígenes en suelo venezolano?

La corrupción administrativa es otro de los temas que enerva e indigna a millones de venezolanos(as) quienes aun somos fieles al pensamiento e ideología de Chávez. Lo cínico de ello es que nos piden pruebas cuando denunciamos tales hechos. Y nos preguntamos: ¿Cuál “funcionario” público o militar con sus ingresos puede vivir en una mansión y poseer una camioneta último modelo cuyo valor en ambos casos resultaría imposible de adquirir con un salario que provenga de una dependencia del Estado? ¿Acaso, un “funcionario” o militar con tal nivel de vida ya no hubiese  sido objeto de una investigación por parte de los otros poderes del Estado, a solicitud del mismo Ejecutivo Nacional? ¿Qué han hecho la Asamblea Nacional o la fiscalía para saber los orígenes de tales bienes en posesión de quienes deberían ser comedidos y modestos en sus pertenencias y nivel de vida? ¿O será que ellos(as) también son parte del festín en la repartición de los recursos del Estado mientras que como pueblo apenas luchamos por sobrevivir?

Por allí el amigo Roland Denis escribió un artículo titulado, “Adiós al Chavismo” (http://www.aporrea.org/ideologia/a214599.html). Roland, no es un adiós, es el fin del chavismo. Y es el fin del chavismo porque quienes han quedado al frente de la conducción del país han olvidado por completo que el compromiso por el desarrollo de una sociedad no se logra sin asumir la autocritica como fuente esencial de la praxis política. Se pretende hacer una revolución repitiendo los mismos errores del pasado. Se invoca al pensamiento de Bolívar, Rodríguez o el propio Chávez en términos de conveniencia circunstancial, pero se desecha cuando las palabras de éstos dejan al descubierto la inconveniencia en el manejo de los asuntos del Estado.

El fin del chavismo ha llegado porque sólo predomina la ignorancia y la incomprensión de los fenómenos subyacentes entre la política de hace 200 años y la política contemporánea. Existe un marcado distanciamiento entre el pensamiento económico y el desarrollo económico. Así como la democracia es incompatible con el capitalismo, el ejercicio de un poder totalitarista es incompatible con cualquier nueva propuesta de socialismo.

El socialismo como doctrina política no puede aplicarse con un gobierno que tenga un salvoconducto para todos sus errores. Esa es una concepción arbitraria, megalómana y litri del poder. Son zascandiles, criticastros y panegíricos quienes no toleran en el espacio de las transformaciones políticas, sociales y económicas la diversidad revolucionaria apartada de los dogmas idealistas, convirtiendo las ideologías en escuelas conductistas del poder, es decir, en mentes y pensamientos sometidos por los designios de quienes por razones históricas están transitoriamente en las cúspide de los gobiernos.

Esa praxis de dominio político no es del pueblo y menos para el pueblo. Esa es una praxis neo-oligárquica que en nombre de los pueblos disfraza sus intenciones totalitarias. Por el camino en que Maduro lleva al país, no sólo está confirmando el fin del chavismo sino de la revolución bolivariana. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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